Durante un incendio, los principales peligros para la salud no surgen de las llamas sino de las partículas microscópicas del humo que agravan patologías ya existentes y están asociadas a infartos, ictus, arritmias e insuficiencia cardíaca.
El incremento de las intoxicaciones por inhalación de humo, quemaduras y las afecciones oculares por las partículas en suspensión son algunas de las consecuencias inmediatas de los grandes incendios.
Según explica a EFE Salud, el cardiólogo y asesor principal de la Federación Mundial del Corazón (WHF por sus siglas en inglés), Pablo Perel, precisamente, uno de los mayores riesgos en los incendios es el humo, sobre todo unas partículas, las PM2,5, tan pequeñas que son capaces de penetrar en la vía respiratoria.
Tienen un diámetro inferior a 2,5 micrometros y pueden desplazarse cientos de kilómetros. El humo no solo contiene estas partículas también otras más grandes —las PM10—, así como monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, ozono y compuestos orgánicos tóxicos, en función de los materiales que se estén quemando.
El humo provoca inflamación y estrés oxidativo en el organismo, lo que puede alterar el revestimiento de las arterias, contraer los vasos sanguíneos, aumentar la presión arterial y la coagulación, desestabilizar placas de colesterol y alterar el ritmo cardíaco.
«La evidencia sobre los efectos cardiovasculares sugiere que el humo puede agravar enfermedades cardiovasculares preexistentes y asociarse con infartos, ictus, arritmias o insuficiencia cardíaca», afirma Perel.
Las personas que han inhalado humo a causa de un incendio cercano pueden presentar síntomas como dificultad para respirar, dolor u opresión en el pecho, palpitaciones, cansancio inusual, mareo o desmayo.
«También debe prestarse atención a síntomas de ictus, como pérdida repentina de fuerza en un lado del cuerpo o dificultad para hablar. El calor, la deshidratación y el estrés asociados al incendio pueden aumentar aún más la carga sobre el corazón», advierte Perel.
«Estudios recientes sugieren que los incendios que alcanzan edificios o queman plásticos, pinturas, combustibles y otros materiales artificiales pueden producir un humo más tóxico que los que afectan únicamente a vegetación», señala el cardiólogo.
Sin embargo, añade, un incendio forestal «puede ser mucho más extenso, durar varios días y exponer a poblaciones muy numerosas».
Por eso, el riesgo depende de los materiales que arden en el incendio, de la concentración de contaminantes y del tiempo durante el cual se respira el humo, indica.
