La vitamina D cumple un papel importante en la salud de los huesos. Según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) y la Mayo Clinic, la vitamina D es indispensable para que el cuerpo absorba el calcio, contribuyendo con la prevención de la osteoporosis.
Asimismo, ayuda a la renovación y mineralización ósea, favoreciendo a mantener el equilibrio y a reducir el riesgo de fracturas en personas mayores, además de aportar al funcionamiento de los nervios, permitiendo la transmisión de señales entre el cerebro y otras partes del cuerpo.
Según el NIH, la presencia adecuada de vitamina D previene el raquitismo en la infancia, una enfermedad en la que los huesos se ablandan, deforman y causan dolor. En adultos, su carencia puede producir osteomalacia, que provoca debilidad muscular y dolor en los huesos.
Se ha estudiado la relación entre la vitamina D y otras enfermedades como el cáncer, la esclerosis múltiple y la diabetes tipo 2. El NIH señala que, aunque los resultados no son concluyentes para estos casos, sí se sabe que la deficiencia grave de este nutriente afecta negativamente la salud general y puede agravar cuadros existentes.
La dosis diaria recomendada según la edad y condiciones particulares son:
Bebés hasta 12 meses: 10 mcg
Niños de 1 a 13 años: 15 mcg
Adolescentes de 14 a 18 años: 15 mcg
Adultos de 19 a 70 años: 15 mcg
Adultos mayores de 71 años: 20 mcg
Mujeres embarazadas o en período de lactancia: 15 mcg
En personas con mayor riesgo de déficit, como adultos mayores, personas que se exponen poco al sol, quienes padecen obesidad o han pasado por cirugías gástricas, puede ser necesario incrementar la dosis bajo supervisión médica. Superar el límite máximo diario puede ser nocivo.
La vitamina D puede obtenerse por exposición al sol, alimentos y suplementos, como destacan el NIH, la Mayo Clinic y la International Osteoporosis Foundation.
