La relación entre alimentación y salud no se limita a lo que se come, sino también al momento en que se hace. Cada vez más investigaciones apuntan a que coordinar los horarios de las comidas con el ciclo natural de sueño y vigilia puede influir de manera significativa en el funcionamiento del corazón y en el control metabólico.
Un equipo de la Universidad Northwestern evaluó si ampliar el periodo de ayuno nocturno, sin reducir calorías, podía generar beneficios en personas con riesgo cardiometabólico. El planteamiento consistió en ajustar la ventana de alimentación al ritmo circadiano, el sistema biológico que regula procesos como la presión arterial, la frecuencia cardíaca y el metabolismo de la glucosa.
El ensayo, publicado en una revista científica especializada en salud cardiovascular, incluyó a adultos de entre 36 y 75 años con sobrepeso u obesidad. Durante varias semanas, un grupo extendió su ayuno nocturno hasta un rango de entre 13 y 16 horas, mientras que el grupo de comparación mantuvo sus hábitos habituales. En ambos casos se recomendó reducir la exposición a la luz en las horas previas al descanso.
Los participantes que dejaron de ingerir alimentos al menos tres horas antes de acostarse mostraron mejoras en indicadores clave durante la noche, entre ellos descensos moderados en la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Estos cambios también se reflejaron en parámetros metabólicos medidos durante el día.
Aunque los investigadores subrayan que se trata de un estudio con un número limitado de participantes, destacan que la elevada adherencia sugiere que ajustar los horarios de comida al periodo de sueño podría convertirse en una estrategia sencilla y no farmacológica para reforzar la salud cardiometabólica, especialmente en adultos de mediana edad y mayores.
