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Puberfonía, cuando la voz no cambia con la pubertad

Puberfonía, cuando la voz no cambia con la pubertad

Publicada el febrero 13, 2026 por admin
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¿Alguna vez has escuchado a alguien con una voz infantil, aunque ya sea adulto? Esta es la principal característica de la puberfonía, también llamada «falsete mutacional» o «disfonía puberal». Se trata de una condición en la que, a pesar de que las cuerdas vocales ya han madurado, el tono de voz siguen siendo fino o juvenil.

Como tal, no es una enfermedad, sino una disfunción que surge por un uso inadecuado de la voz tras la pubertad. No suele tener causas orgánicas, ya que la anatomía vocal está lista para sonar más grave. El problema radica en que la persona —principalmente hombres— no se adapta a ese cambio, ya sea por hábito, tensión emocional o factores más complejos.

Si bien no implica daño físico, puede prolongarse en el tiempo y afectar tanto la autoestima como la vida social. De ahí la importancia de prestarle atención y comprender qué hay detrás para darle un tratamiento oportuno y eficaz. A continuación, te ayudamos a repasar sus causas, síntomas y lo que puedes hacer para corregirlo.

¿A qué se debe la puberfonía?
En la adolescencia, a medida que se producen cambios hormonales, la voz atraviesa una etapa de transformación conocida como «muda vocal». La laringe desciende, las cuerdas vocales se alargan y las cavidades de resonancia se expanden, lo que da lugar a una voz más grave, sobre todo en los hombres, quienes pueden alcanzar hasta una octava completa.

En las mujeres, el cambio es mucho más sutil, con un descenso de uno a tres semitonos. Este proceso, a menudo, tarda entre 3 y 8 meses en hacerse notorio, y puede requerir hasta 2 años en consolidarse. Sin embargo, algunas personas no consiguen esa transición: la voz se queda con un registro agudo, típico de la niñez. Si ocurre así, y no hay una causa física evidente, hablamos de puberfonía.

Por lo general, se hace evidente entre los 14 y 18 años, cuando ya pasó el periodo en el que suele cambiar el tono de la voz. Sus principales causas son las siguientes:

Hábito vocal persistente: ocurre porque la persona se acostumbra a hablar con su voz infantil y, de forma inconsciente, mantiene ese tono a pesar de haber experimentado los cambios físicos de la pubertad. El cerebro sigue enviando señales para usar ese registro agudo y le resulta difícil adaptarse al nuevo tamaño de la laringe.
Factores psicológicos: miedo, ansiedad, inseguridad… la adolescencia es una etapa con altibajos emocionales. Estos, por un lado, pueden generar tensión en la garganta, dificultando la adaptación de la voz. Por el otro, causan un estrés que hace que el adulto use su voz infantil como mecanismo de protección ante los cambios.
Sobreprotección familiar: estar en un entorno en el que se refuerza la imagen infantil por exceso de cuidado puede generar cierta presión por mantener en un rol inmaduro.
Personalidad introvertida: cuando alguien es reservado, tímido o ha experimentado burlas o críticas en su infancia, puede desarrollar una relación de desconfianza con su propia expresión vocal. Así, mantener una voz infantil se vuelve un mecanismo para no llamar la atención o reforzar un rol de invisibilidad.

¿Qué pasa si hay una causa física detrás?
En algunos casos, el tono de voz no cambia a grave debido a alteraciones anatómicas en la laringe o por trastornos hormonales como el hipogonadismo, caracterizado por una producción insuficiente de hormonas sexuales.

Si la evaluación médica determina estas causas, el diagnóstico no es puberfonía (porque solo se da sin causa orgánica), sino que puede tratarse de un trastorno endocrino o una disfonía de causa estructural, que requieren un tipo de tratamiento médico distinto.

Síntomas de la puberfonía
La principal manifestación clínica de la puberfonía es un tono de voz agudo que no encaja con la edad ni con la apariencia física de la persona. Más allá de esto, hay varias características que permiten identificarlo con más precisión. Estas son las más comunes:

Voz «chillona» o con tono infantil, en adolescentes y adultos jóvenes.
Inestabilidad o fluctuaciones en el tono de la voz. Puede cambiar entre sonidos agudos y graves durante una conversación.
Un tono de voz muy bajo. A veces, la persona no consigue ser escuchada en lugares ruidosos.
Cansancio al hablar.
Sensación de tensión en la garganta al intentar bajar el tono de voz.
Ansiedad social relacionada con la preocupación por cómo suena la voz.
Baja autoestima por sentirse diferente o inseguro debido al tono vocal.
¿En qué se diferencia de otros trastornos vocales?
La principal diferencia entre la puberfonía y otros trastornos de la voz es su causa. Esta no tiene que ver con daños físicos o problemas orgánicos, sino con factores emocionales. En cambio, condiciones como la disfonía se originan por infecciones y fatiga de las cuerdas vocales; y las lesiones laríngeas por nódulos o pólipos en esta región.

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