Más de la mitad de los estudiantes universitarios en Estados Unidos reporta sentirse solo, y quienes usan redes sociales más de dos horas diarias tienen un riesgo casi 40% mayor de aislamiento, según un estudio reciente.
La investigación, publicada en el Journal of American College Health, encuestó a 64.988 jóvenes entre 18 y 24 años. El 54% reconoció experimentar soledad, mientras que quienes dedican más de 16 horas semanales a redes sociales presentan un incremento significativo en el sentimiento de aislamiento.
La doctora Ashley L. Merianos, autora principal, explicó que el uso excesivo de plataformas digitales podría reemplazar interacciones significativas que protegen la salud mental de los estudiantes.
El estudio también detectó que mujeres, estudiantes afroamericanos y quienes viven con sus familias reportan niveles más altos de soledad, mientras que la participación en fraternidades y hermandades parece reducirla. Los estudiantes en modalidad híbrida también muestran menos aislamiento que los presenciales.
La doctora Madelyn Hill advirtió que la soledad se relaciona con mayor riesgo de depresión y hasta de mortalidad prematura, aunque aún no se sabe si la soledad genera mayor uso de redes o viceversa.
Especialistas señalan que los riesgos de la tecnología comienzan en la adolescencia. El psicólogo Jonathan Haidt asocia la expansión de smartphones y redes sociales desde 2010 con un aumento de trastornos emocionales y síntomas depresivos en los jóvenes.
La psiquiatra Geraldine Peronace advirtió que el uso excesivo de pantallas afecta directamente la salud mental, influye en la autoestima y puede exponer a los jóvenes a contenidos dañinos, incluyendo violencia y acoso en línea.
La doctora Andrea Abadi resaltó que la interacción digital constante interfiere con el desarrollo de habilidades emocionales y sociales saludables, dificultando el manejo de frustraciones y emociones en los adolescentes.
Los especialistas recomiendan intervención familiar y educativa: limitar tiempo frente a pantallas, fomentar actividades presenciales y mantener un diálogo abierto sobre experiencias digitales. “El mundo virtual es real y sus efectos en los jóvenes son profundos”, concluyen.
