Infiltraciones: la técnica que ayuda a aliviar dolores y lesiones

Infiltraciones: la técnica que ayuda a aliviar dolores y lesiones

La infiltración es un método terapéutico sencillo, pero no carece de contraindicaciones. Aprende todo sobre la técnica y sus usos.
Infiltraciones: la técnica que ayuda a aliviar dolores y lesiones

Las infiltraciones son conocidas en el mundo del deporte profesional y cada vez más en el ámbito amateur. Es regular leer en las noticias que un deportista fue infiltrado para continuar un partido o que su tratamiento se basa en infiltraciones para regresar rápido a la competencia.

Existen defensores y detractores de las infiltraciones. Lo cierto es que la técnica va más allá de su uso atlético. Muchos pacientes con patologías reumáticas son infiltrados para reducir la inflamación y el dolor que padecen en sus articulaciones.

También es real que puede existir un abuso en la aplicación, pudiendo generar efectos adversos que solo se perciben a largo plazo. Es decir, un deportista puede sentir un gran alivio apenas es infiltrado, lo que lo llevará a sobreesforzarse sin notar molestias. Pero esa articulación que superó sus límites es capaz de degradarse y resentirse meses o hasta años después.

¿Qué es una infiltración?

Una infiltración es una inyección. El profesional que la aplica inyecta una sustancia farmacológica dentro de una articulación o en los tejidos periarticulares, con un propósito de alivio, de desinflamación o de mejora de los síntomas que manifiesta el paciente.

Es muy difícil que una infiltración tenga efectos a muy largo plazo. Por eso no se consideran casi nunca curativas. En realidad, son mecanismos de alivio que pueden persistir mucho tiempo, pero no siempre son definitivos.

Así como la infiltración no es mágica, tampoco se considera que sea una opción única frente a lesiones deportivas de las articulaciones, ni mucho menos en pacientes reumáticos. Siempre deben complementarse con otros abordajes acordes al caso, ya sean terapias físicas de rehabilitación o medicamentos por otras vías.

No hay un solo tipo de infiltración. La técnica se clasifica según el sitio de punción y de acuerdo a la sustancia que se inyecta. De todas maneras, sus variantes son relativamente económicas si se las compara con una cirugía. Además, la facilidad de concreción hace que no se requieran grandes despliegues tecnológicos para su uso.

Lesión en la rodilla que será tratada con infiltración.
Las lesiones de la rodilla suelen ser candidatas a infiltraciones cuando se cumplen los criterios médicos.

Indicaciones de las infiltraciones

Para llegar a la decisión de una infiltración se respetan ciertos protocolos. No todas las lesiones deportivas se pueden o se deben infiltrar. Así como tampoco todas las patologías reumáticas se benefician de la inyección local.

Hay 3 condiciones generales que permiten valorar la posibilidad de infiltrar a un paciente:

  1. Que exista un proceso inflamatorio capaz de responder a un antiinflamatorio local o que un dolor severo e incapacitante sea reductible con analgésicos o anestésicos.
  2. Que el paciente haya agotado otros recursos. Es decir, que consumiendo fármacos por vía oral o realizando rehabilitación física no nota mejorías.
  3. Que exista contraindicación para ofrecer la medicación por otras vías.

Si se cumplen estos criterios, entonces se avanza hacia la corroboración de que el diagnóstico que tiene el paciente está contemplado para ser tratado con infiltraciones. Aquí conviene separar entre las patologías sistémicas reumáticas y las lesiones del sistema osteo-mio-articular, entre las que incluimos a las deportivas.

Se realizan infiltraciones a pacientes con los siguientes cuadros:

  • Artritis reumatoide.
  • Gota.
  • Lupus eritematoso sistémico.
  • Espondilitis anquilosante.
  • Artritis y artrosis generales de hombro, rodilla, tobillo y otras articulaciones.

Entre las lesiones articulares y periarticulares que se infiltran con mayor frecuencia contamos las siguientes:

  • Capsulitis adhesiva del hombro.
  • Epicondilitis del codo.
  • Bursitis olecraneana.
  • Síndrome del túnel carpiano.
  • Bursitis iliopectínea.
  • Bursitis prepatelar de la rodilla.
  • Fascitis plantar.
  • Tendinitis aquílea.
  • Dedos en gatillo.

¿Cuándo no son recomendables las infiltraciones?

Así como existen indicaciones médicas para las infiltraciones, hay circunstancias, factores y procesos concomitantes que constituyen contraindicación para la técnica. Esto debe ser reconocido por el profesional médico para evitar complicaciones.

Si bien la mayoría de estas contraindicaciones se refieren a situaciones de patologías crónicas y alteraciones en pacientes que ya acarrean problemas, no son despreciables las consideraciones que pueden ser relevantes para un atleta. Como adelantamos en la introducción, una aplicación innecesaria derivará en problemas futuros que no se percibirán hasta años después.

En primer lugar, sin un diagnóstico preciso no se debería proceder a la infiltración. El traumatólogo deberá contar con certeza sobre el cuadro clínico para entender que lo mejor es inyectar tal o cual sustancia.

En segundo lugar, las infecciones activas y los trastornos de la coagulación también contraindican el procedimiento. Si los tejidos a atravesar con la inyección pudiesen llevar bacterias al interior de la articulación, eso es un peligro. Por otro lado, las fallas al coagular podrían derivar en acumulación de sangre dentro de los tejidos articulares.

Para los deportistas, la contraindicación de rigor serían los antecedentes previos de infiltraciones. Si se han concretado diversas aplicaciones con resultados mediocres o insuficientes, no tiene sentido la repetición, pues no se alcanzarán los objetivos con la repetición.

¿Qué medicamentos se pueden infiltrar?

Son dos los tipos de fármacos que se pueden infiltrar en las articulaciones o en los tejidos periarticulares. Hablamos de los corticoides y de los anestésicos. Veamos cada uno.

Infiltraciones con corticoides

Los corticoides inyectables que se infiltran para las lesiones deportivas o para los pacientes reumatológicos son de depósito o de liberación prolongada. Esto significa que se formulan de una manera especial para que su efecto se prolongue más allá de unos días. Algunos perduran 1 mes y otros hasta 6 meses.

La triamcinolona es uno de estos fármacos. En sus presentaciones comerciales se destacan los nombres Retard o Depot. Ambos denotan que la sustancia ha sido modificada para liberarse lentamente dentro del cuerpo, una vez que se realizó la inyección.

Otra opción es la combinación de dos formas diferentes del mismo corticoide en la misma ampolla. Una es la variante de liberación prolongada y la otra es de acción rápida, de modo que el paciente tenga un efecto inmediato mientras espera que el resto del medicamento actúe en las semanas subsiguientes.

Infiltraciones con anestésicos locales

Colocar un anestésico local en la infiltración no es excluyente respecto a los corticoides. Muchas veces se emplea este fármaco como diluyente para el otro que será antiinflamatorio. Además, agrega analgesia.

Los más empleados son la lidocaína y la mepivacaína. Incluso hay presentaciones comerciales que ya vienen formuladas con la dilución, sin necesidad de hacerla en el momento de aplicación.

Inyectable para infiltración.
La infiltración puede hacerse con un solo medicamento o con una combinación de corticoides y anestésicos.

Infiltrarse siempre según el criterio médico

Es fundamental respetar el criterio médico para las infiltraciones. Se trata de un procedimiento invasivo que, aunque mínimo, tiene riesgos y no siempre es indicación ante cualquier lesión o problema reumatológico.

La consulta especializada no se puede suplantar. Los traumatólogos y reumatólogos cuentan con los conocimientos suficientes para definir al respecto. Y en caso de duda, primero se realizarán los métodos complementarios necesarios.