La realidad que viven 1,147 menores de edad con VIH

La realidad que viven 1,147 menores de edad con VIH

Cuando se está cursando la enfermedad del VIH infantil hay que enfrentarla con cuidados, vigilar el crecimiento y desarrollo en cada consulta.
Los niños se encuentran registrados en el Programa de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y VIH del Ministerio de Salud Pública

SANTO DOMINGO,RD.- Imaginar por tan solo un momento el hecho de que durante la niñez tendrás que beber medicinas amargas tres veces al día no es algo sencillo de pensar, pero sucede en la cotidianidad de la gran mayoría de los niños que viven con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y que deben llevar un esquema de tratamiento indicado por sus especialistas. Esa es la realidad de 1,147 menores de edad, entre 1 hasta los 18 años, que se encuentran registrados en el Programa de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y VIH del Ministerio de Salud Pública (MSP) de República Dominicana.

La doctora Marisol Jiménez, encargada de Atención del VIH Pediátrico del Programa de ITS y VIH del MSP, explica que el VIH ataca las células T o linfocitos, que son las defensas, destruye esas células dando entonces la oportunidad de que se reproduzca el Síndrome Inmunodeficiencia Adquirida (Sida) que es un conjunto de signos y síntomas que produce la enfermedad.

El VIH en niños se transmite en el 95% de los casos de madre a hijo, donde existen tres momentos en los que sucede: durante el embarazo, durante el parto o a través de la leche materna.

Cuando se está cursando la enfermedad hay que enfrentarla con cuidados, vigilar el crecimiento y desarrollo en cada consulta, hacer un examen físico completo en busca de alguna enfermedad oportunista, dar seguimiento a las analíticas complementarias y pruebas especiales (conteo de células CD4 y carga viral), brindar apoyo psicológico y entregar los antirretrovirales.

En estos casos, “la familia es clave cuando ayuda a que los infantes a que se tomen los antirretrovirales y a los adolescentes dándoles el seguimiento necesario y apoyándolos en sus citas”, manifiesta Marisol.

Marisol comenta que aunque no está día a día con los pacientes, ya que traza las líneas de cómo debe ser la atención en el niño con VIH, recibe llamadas cuando se requiere apoyo para los casos de menores.

“Un niño estaba siendo violado por un tío con VIH, tenía tan solo 2 años de edad, y al realizarle la prueba al pequeño estaba infectado por el virus”, relató Marisol sobre uno de los tantos casos que conoce, y que le causan mucha tristeza.

Sobre si habían disminuido los casos de transmisión de la enfermedad en la población infantil en el país, manifiesta que para una reducción en la transmisión materno- infantil se debe llevar este porcentaje a menos del 2 %.

Durante el año 2020 estuvo en 2.1 % debido a que las madres no fueron a realizarle la prueba al infante por el temor a la pandemia, aunque, si se observan las estadísticas desde el 1999 que es cuando inició el Programa de Transmisión Materno Infantil, se puede percibir que cada año ha ido en reducción lentamente.

La doctora Marisol Jiménez es encargada de Atención del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) Pediátrico del Programa de ITS y VIH del Ministerio de Salud Pública.

La doctora conoce muchos casos de niños que viven con la enfermedad principalmente en el Hospital Infantil Robert Reid Cabral, en Santo Domingo; y en el Hospital Infantil Regional Universitario Doctor Arturo Grullón de Santiago, que son lugares con más años atendiendo niños con VIH que ingresaron al servicio por transmisión materno infantil en etapas iniciales y ahora son adultos. Ellos no quieren dejar a su pediatra a pesar de su adultez y tienen, incluso, familias con niños sin VIH.

Lo más triste para los pequeños que viven estos casos es “recordar que son niños que tal vez estén lejos de saber cuál es su condición. Lo más difícil para ellos es beber a diario los medicamentos, dos o tres veces al día”. El futuro para la población pediátrica en torno a la enfermedad del VIH se vislumbra con más antirretrovirales que se puedan usar según la edad, es decir, mayor variedad pediátrica de los medicamentos.
Como mensaje final, la doctora dice “simplemente no al estigma ni a la discriminación, ya que son niños o adultos que tienen una enfermedad crónica que estigmatizando o discriminando podemos llevarlos a una depresión e impulsarles a que se nieguen a seguir con la atención”.