Por qué es bueno que le dediquemos tanto tiempo y esfuerzo al sexo – CDN

¡Qué caro nos sale el sexo!

La energía que los individuos de las diferentes especies animales invierten en la reproducción sexual se establece a varios niveles.

En primer lugar, hay que hacer vistosa y atrayente la genitalidad para el sexo contrario.

A este inicial plano de atracción anatómica se le unen los invisibles pero irresistibles recursos fisiológicos, encabezados por las feromonas, que aturden a los que o no ven muy bien, o la quimiorrecepción les motiva más.

Y si aún no es suficiente con este despliegue de encantos, algunos taxones como aves y mamíferos han llevado los cortejos nupciales y de apareamiento a un punto de absoluta sublimación.

El resultado es que no hay individuo en la mayoría de las especies que se pueda resistir a la combinación fatal de una anatomía apabullante, una fisiología envolvente y una elaborada y sofisticada etología (como los valses de los escorpiones, que dejan la danza de los siete velos a la altura de un aficionado de medio pelo).

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Si a todo ello le unimos la variable “tiempo invertido en conseguir el apareamiento” y, por lo tanto, la fertilización de los óvulos y la consecución de una nueva generación para la especie, confirmamos nuestra hipótesis de partida.

Esto es, que la cantidad de moléculas de ATP (adenosín trifosfato, la moneda energética de la vida) que se invierte en los variadísimos mecanismos de reproducción sexual de los animales es extraordinariamente elevada.

Los “otros costes” del sexo

Además de unas estructuras reproductoras complejas y unas actividades de cortejo largas (algunos incluso las calificarían de cansinas), los organismos que se reproducen sexualmente lo hacen mediante óvulos y espermatozoides.

Ambos, recordemos, son células haploides, es decir, de dotación cromosómica sencilla, a diferencia del resto de las células corporales (las somáticas) que son de dotación cromosómica doble.

Dicho de otra manera, los organismos reducen su potencial genético a la mitad cuando se reproducen sexualmente.

En contraposición, cuando un animal recurre a algunos de los variados mecanismos de reproducción asexual lo hace sin privarse de ninguna de sus riquezas genéticas.

Resumiendo: por un lado, los animales sexuales invertimos una enorme cantidad de energía y, por otro, desperdiciamos la mitad de nuestro potencial genético.

El sexo es, pues, derrochón y restrictivo.

Desde este punto de vista, la aparición del sexo fue un chollo (una ganga), puesto que supuso una auténtica factoría de producción de variabilidad genética. Vamos a ver cómo.

En un primer nivel, como óvulos y espermatozoides se generan por un proceso de meiosis, sufren la reducción de la dotación cromosómica y la recombinación de genes entre cromosomas procedentes de las líneas paterna y materna durante su formación.

Estos entrecruzamientos de genes (crossing over) ocurren al azar, tanto en número como en secciones de cromosomas afectados. El resultado es que óvulos y espermatozoides son todos genéticamente diferentes entre sí.

Por otra parte, vuelve a intervenir el azar a un segundo nivel en el momento en que es un determinado espermatozoide (y no otro) el que fecunda un determinado óvulo (en vez de otro).

Resultado de todo ello es que el sexo aumenta brutalmente las posibilidades de generación de individuos genéticamente diferentes en las especies y, con ello, se disparan sus posibilidades de supervivencia y diversificación.

Por: BBC