Bionalista bautiza Covid-19 como “Virus de la tristeza”

Bionalista bautiza Covid-19 como “Virus de la tristeza”

SANTO DOMINGO.-“Estamos más solos, más tristes, y se ha perdido la camaradería en equipos que durante años manteníamos por la magnitud de la pandemia”.

De 1989 acá, Lucía Aurora de la Cruz de León, encargada de la unidad de Virología y Biología Molecular del Laboratorio Nacional de Salud Pública Dr. Defilló, no había vivido un cambio laboral tan radical como el aislamiento impuesto por el Covid-19.

“Esto ha sido muy fuerte, mucha presión porque se necesitan los resultados de inmediato. Es un proceso arduo, lo primero es que hay que hacer es una extracción, que lo menos que uno dura son seis horas, hasta llegar a la detección del virus en un termociclador”, comenta.

Lucía es oriunda de Santa Capuza de Sánchez, en Samaná.
Aunque no tienen contactos directos con pacientes contagiados, no escapan al temor por estar bien cerca de la cepa que genera la enfermedad.

Para ellos se ha vuelto una rutina ver resultados positivos y negativos.
Lucía cuenta que cuando llega a su casa, tiene que quitarse toda la ropa en el pasillo y colgarla junto a los zapatos en una ventana por si ha cargado con el virus, que se quede fuera.

“Enseguida llego le grito a mi mamá: Carla…cómo tú estás?… ella tiene su mascarilla puesta, interactuamos, pero de lejos, es hipertensa, ciega por la diabetes y ya no puede caminar por esa enfermedad”, narró Lucía muy triste, porque no hay abrazos ni saludos con besos para cuidar a su vieja que tiene 78 años de edad.

Es madre divorciada y tiene dos hijas, una de 30 que le ha dado dos nietos y otra de 23, dice que emocionalmente ahora sienten mucho estrés, y que ha bautizado al Covid-19 como la enfermedad de la soledad y la tristeza. Lo peor para ella es que no poderse liberarse de las mascarillas hasta estar sola en su habitación por temor a transmitirles el virus a su mama dada su condición especial, ni a una hija, en caso de contraerlo.

Irreconocibles
En el laboratorio, las jornadas entre ella y sus compañeros de trabajo en laboratorio, empezaban bien temprano con un compartir con chocolate y galletas entre anécdotas y risas, a partir de la pandemia abandonaron ese hábito igual dejaron de lado las pruebas de VIH SIDA y Hepatitis B, influenzas y otros, para enfocarse en el Covid-2 como se denomina el virus. Una vez arranco la lucha contra el este mal, unos y otros dejaron de socializar, validar datos de las muestras, que antes asumían con una hermandad.

Hoy, el simple hecho de tener que sobreprotegerse con los trajes de bioseguridad les toma más tiempo y por temor al contagio, y en ocasiones por las tantas “envolturas” hasta se tornan irreconocibles entre unos y otros. “Soy una persona alegre, y antes cuando llegaba me decían: Ya llegó ella!..

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Ahora no hay esa alegría, a veces preguntan y usted ‘tá ahí?”, narra Lucía, quien lamenta mantener oculta la sonrisa que siempre regala a sus semejantes.

El grupo se redujo a menos de la mitad, se turnan los que trabajan directo con las muestras del virus y otros por asuntos de edad y salud se han apartado. Lo menos que procesan por personas son 94 casos en una primera entrega.

Desde 18 de marzo, cuando empezó la cuarentena, allí les llegan diario hasta las mil 500 muestras que reciben y entregan a las direcciones provinciales de Salud y los hospitales en cuestión de horas.

Las cifras contrastan y sobrepasan las alcanzadas hasta en seis meses de trabajo por tipo de virus.

Al margen de los afanes y la rutina hasta de más 12 horas, la profesional exhorta a sus iguales que trabajen con dedicación porque un diagnóstico correcto evita que continúen los contagios.