Cuando se habla de cáncer de pulmón, la imagen más extendida sigue siendo la de un hombre adulto mayor con historial de tabaquismo. Sin embargo, esa percepción está cambiando de manera acelerada: la enfermedad afecta cada vez más a personas menores de 50 años, con una mayor prevalencia en mujeres, personas no fumadoras e individuos con ciertas mutaciones genéticas.
Así lo advierte Yéssika Moreno, vicepresidente de asuntos médicos para Latinoamérica de la industria farmacéutica, quien señala que el desarrollo de la enfermedad en personas jóvenes puede estar relacionado con variaciones genéticas como las mutaciones EGFR y ALK, la exposición al gas radón, sustancias químicas, la contaminación del aire e incluso las emisiones de materiales usados para cocinar —como madera y carbón— en entornos de bajos ingresos y espacios con poca ventilación.
Diagnóstico tardío: el reto más urgente
Uno de los problemas más críticos que enfrentan estos pacientes es obtener un diagnóstico oportuno. Sus síntomas —dolor de espalda y de pecho, tos persistente (a veces con sangre) y dificultad para respirar— suelen confundirse con afecciones como ansiedad, asma o neumonía. Dado que el cáncer de pulmón no se considera inicialmente en el diagnóstico diferencial de personas jóvenes, las pruebas de detección pueden retrasarse y la enfermedad terminan identificándose en estadios más avanzados, incluso con mayor severidad que en pacientes adultos mayores.
A esta dificultad clínica se suma una considerable carga financiera, emocional y funcional para los pacientes y sus familias.
Una llamada a cambiar el paradigma
Alrededor del 6% de las personas diagnosticadas con cáncer de pulmón en el mundo son menores de 55 años, según datos globales. Ignorar esa cifra equivale a seguir diagnosticando tarde a generaciones que simplemente no estamos buscando. De no revertirse la tendencia, el cáncer de pulmón podría representar un costo de hasta US$3,9 billones para la economía global hacia el año 2050.
«Estamos pasando por alto casos en poblaciones jóvenes porque, simplemente, no los estamos buscando», afirma Moreno, quien hace un llamado a impulsar campañas de sensibilización dirigidas a diferentes especialistas para que, durante la evaluación de otras afecciones, también contemplen la posibilidad de un cáncer de pulmón.
La experta también destaca la importancia de ofrecer atención personalizada a estos pacientes, quienes —dado que pueden tener una mayor sobrevida en comparación con adultos mayores— requieren enfoques terapéuticos con múltiples líneas de tratamiento, incluyendo algunas intensivas, y acompañamiento emocional.
«El reto no solo está en tratar la enfermedad, sino en ampliar la mirada clínica y aprender a reconocerla a tiempo en estas nuevas poblaciones. Hagamos la diferencia entre un diagnóstico tardío y una oportunidad de vida para miles de adultos jóvenes.» — Yéssika Moreno, vicepresidente de Asuntos Médicos para Latinoamérica
