Paciente cero: investigación durante la pandemia

Paciente cero: investigación durante la pandemia

Los laboratorios de todo el mundo están aunando fuerzas para encontrar vacunas y medicamentos eficaces contra el coronavirus. Aún así, una labor esencial de investigación es la identificación del paciente cero para evitar futuros brotes.

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El coronavirus (COVID-19) se ha expandido de forma irrefrenable a lo largo del globo, monopolizando medios de comunicación y atención gubernamental. Aún así, entre todo el revuelo, existe un factor que a menudo pasa desapercibido: la importancia del paciente cero en una pandemia.

Algo nos sonará a todos, de manera lejana, desde el inicio de esta pandemia global. Se coloca el foco en un mercado de marisco en la ciudad de Hubei (China). A partir de aquí, las líneas de investigación se difuminan: ¿fueron los murciélagos o el pangolín el primer foco de enfermedad? ¿Quién fue exactamente la primera persona infectada?

Todo esto puede sonar en este punto redundante, ¿para qué gastar medios en descubrir algo que ya ha sucedido? La respuesta es simple pero rotunda: el conocimiento del inicio de esta pandemia evitará que situaciones como estas vuelvan a repetirse. Continúa leyendo si quieres saber más acerca del paciente cero de este virus.

El vector inconsciente

El paciente cero o caso índice responde al primer caso que da lugar a la atención del investigador y origina una serie de acciones, visitas y pasos necesarios para conocer un foco de infección. En la primera etapa existen tres tipos de casos índice:

  • Caso primario: el primero que ocurre en orden cronológico.
  • Caso coprimario: es el caso siguiente al primario y comprendido dentro del período de incubación máximo a partir de una fuente común.
  • Caso secundario: es el siguiente al primario, de modo tal que, por el período de incubación, puede imputarse la transmisión a partir del caso primario.

Esta terminología puede sonar un tanto redundante o difícil de entender, pero quedémonos con un mensaje: el caso índice puede ser cualquiera de los 3. Lo importante del paciente cero no es tanto si es el primero o el segundo en infectarse, si no en avisar a las autoridades sanitarias y poner en marcha el mecanismo de investigación.

Nunca sabremos cual es el primerísimo infectado de una enfermedad como el COVID-19 que en muchos casos es asintomática, así que el que hace sonar las alarmas será siempre el centro de atención.

El vector inconsciente
Nunca se sabrá con total certeza cuál fue la primera persona infectada por COVID-19, ya que la atención se centró en el caso o los casos que encendieron las alarmas.

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El paciente cero: caso índice en China

Esta noticia resulta sorprendente: el primer caso de coronavirus reportado parece haberse dado el 17 de noviembre del año 2019, según las autoridades chinas. Se cree que fue un residente de la ciudad de Hubei de 55 años.

Claramente, estas evidencias se encuentran realizando pruebas de la enfermedad a posteriori, pues cuando un paciente presenta un cuadro clínico, pero la enfermedad no se ha descrito, se atribuye a otras causas.

  • A finales de marzo de este año se colocó como posible foco de infección el pangolín, y recientes estudios fundamentan aún más estas bases.

Un equipo de investigación, a través de la revista científica Nature, ha publicado los resultados del análisis de diferentes restos de pangolín congelado. Los datos son reveladores, pues en 5 de las 18 muestras se encontraron dos cepas de coronavirus similares hasta en un 90 % al que afecta a los humanos.

Esto implica que es más que probable que una mutación del virus del pangolín pueda haberse adaptado para invadir el cuerpo humano. Entonces, si tenemos al más que probable vector de la enfermedad y al primer paciente en mostrar un cuadro clínico, ¿qué nos falta?

El paciente cero: caso índice en China
Aunque se siguen desarrollando diversas investigaciones, los hallazgos sugieren que pudo haber una mutación del coronavirus del pangolín que se adaptó para invadir el cuerpo humano.

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Conocimiento para la acción

El paciente cero no es solo uno, si no que depende del área geográfica. Es de vital importancia conocer el origen del foco principal, pero también de todo el resto del mundo.

En Europa, un alemán de 33 años podría haber sido el primer paciente europeo en contagiarse, según una publicación del New England Journal of Medicine (NEJM). Esto nos plantea diversas preguntas:

  • ¿Cómo contrajo la enfermedad el paciente?
  • ¿Qué medios de transporte utilizó para moverse en el periodo de contagio?
  • ¿Con cuántas personas interactuó durante el periodo de incubación?

Estas dudas e infinitas más son a las que se trata a dar respuesta con la búsqueda del caso índice. Si conocemos la dinámica de una pandemia global, la siguiente ya no cogerá tan por sorpresa a las entidades gubernamentales.

Por ejemplo, si se descubre que el 90 % de los pacientes cero de cada país contrajeron la enfermedad en base a un viaje en avión, en siguientes brotes esto será lo primero en controlarse.

El conocimiento basal de un suceso es la clave para la prevención. Por ello, a pesar de todas las medidas tomadas para evitar la continuación de una pandemia, conocer el inicio siempre será vital.