Astrocitoma: síntomas, causas y tratamiento

Astrocitoma: síntomas, causas y tratamiento

Los astrocitomas son los tumores cerebrales más comunes. Te enseñamos sus síntomas, causas y opciones de tratamiento.
Astrocitoma: síntomas, causas y tratamiento

Se define como astrocitoma a los tumores que se desarrollan en las células gliales conocidas como astrocitos. Estas células tienen forma de estrella y operan como sostén del cerebro (en conjunto con otras como las ependimarias y los oligodendrocitos). A menudo este tipo de tumores se les conoce como gliomas y la evidencia señala que representan hasta el 60 % de los tumores cerebrales primarios.

Este tipo de tumor es más frecuente en los hombres y afecta en principio a los hemisferios cerebrales. También pueden desarrollarse en el tronco encefálico o en la médula espinal, siendo estos casos frecuentes en los jóvenes. En las líneas siguientes te describimos sus síntomas, causas y opciones de tratamiento en la actualidad.

Síntomas del astrocitoma

El astrocitoma puede provocar varios síntomas
Las manifestaciones clínicas de los astrocitomas dependen de varios factores, pero en general suelen ser de aparición progresiva.

Antes de reseñarte los síntomas del astrocitoma, primero debes comprender que estos se suelen catalogar en diferentes grados. Los grados determinan la severidad de los signos, la rapidez con la que se manifiestan y por supuesto el pronóstico del paciente. Como bien nos recuerda Stanford Health Care, se distinguen los siguientes tipos:

  • Astrocitomas de grado 1: son tumores de crecimiento lento que raras veces se expanden fuera del tejido donde se han desarrollado. Se catalogan tres tipos: pilocítico, xantoastrocitoma pleomórfico y subependimario. A menudo se le conoce como astrocitoma no infiltrante.
  • Astrocitomas de grado 2: son tumores de crecimiento lento que pueden expandirse al tejido circundante. También pueden aumentar la velocidad de crecimiento a medida que se desarrollan. Se catalogan en dos tipos: fibrilar y oligoastrocitoma mixto.
  • Astrocitomas de grado 3: tumores de crecimiento rápido que se catalogan como malignos. Tienden a invadir las zonas aledañas y a extenderse con facilidad. También se conoce como astrocitoma anaplásico.
  • Astrocitomas de grado 4: es el tipo más agresivo en cuanto a la velocidad de crecimiento y diseminación en la periferia del cerebro, el tronco encefálico o la médula espinal. Se conoce también como glioblastoma.

Por desgracia, la mayoría de los casos se corresponden con el grado 4 y el grado 3, siendo la variante más agresiva la más común de todas. Los tumores de grado 1 y 2 son menos frecuentes a la par de los más benignos. Los síntomas varían de acuerdo con la variante desarrollada, aunque en general podemos estipular los siguientes:

  • Dolor de cabeza persistente.
  • Disminución de las capacidades cognitivas.
  • Visión doble o visión borrosa.
  • Dificultad para hablar.
  • Debilidad para sujetar cosas con las manos.
  • Episodios de convulsiones.
  • Pérdida de memoria.
  • Alteraciones en el estado de ánimo o en el comportamiento.

Pueden pasar meses e incluso años antes de que empiecen a manifestar los primeros síntomas. Depende de variables como la zona donde se ha desarrollado el tumor y el grado al cual se corresponde. Por ejemplo, un astrocitoma grado 1 desarrollado en la parte frontal tiene que crecer mucho antes de desarrollar síntomas.

Causas del astrocitoma

No se conocen las causas del desarrollo de este tipo de tumor cerebral. Sin embargo, y al igual que otros tipos de tumores, las anomalías genéticas, los compromisos inmunitarios, la dieta, el estrés y la exposición a ciertos factores ambientales pueden converger para su manifestación. Aun así no existen alternativas para prevenir el astrocitoma.

Por ejemplo, y de acuerdo con la Asociación Americana de Cirujanos Neurológicos (AANS), los síndromes hereditarios como Li-Fraumeni, Turcot, esclerosis tuberosa y neurofibromatosis 1 son un factor de riesgo latente para el desarrollo del tumor. También lo son las radiaciones ionizantes (radioterapia) y la exposición a ciertos productos químicos de guerra (Agente Naranja).

En contra de lo que pregonan algunos medios, el uso del teléfonos móviles o la interacción con redes telefónicas no se asocian con el desarrollo de estos u otros tumores. Un estilo de vida saludable no garantiza la prevención de la enfermedad, aunque en general se recomienda como parte de un programa integral de bienestar.

Opciones de tratamiento

El astrocitoma puede tratarse
La gravedad de muchos de los tumores puede impedir que los tratamientos sean efectivos, aunque por fortuna hay varias modalidades disponibles.

El tratamiento del astrocitoma varía de acuerdo con el grado y las características del tumor. También cambia de acuerdo con la edad, la salud del paciente y por supuesto el lugar donde se ha desarrollado. Repasemos algunas de las alternativas para tratar este tipo de tumor cerebral:

  • Cirugía: restringida para los tumores de grado 1 y 2 que se han desarrollado en zonas de fácil acceso. Dado que los astrocitomas de grado 3 y 4 suelen regresar en la mayoría de los casos, la cirugía no es la opción más prometedora.
  • Radioterapia: a menudo se usa como complemento de la cirugía para deshacerse de los rastros del tumor o como tratamiento principal para los grados malignos. Se hace a través de sesiones que se pueden extender hasta por seis semanas.
  • Quimioterapia: un tratamiento de primera línea para los astrocitomas de grado 3 y 4, y en algunos casos para las variantes más benignas. La ingesta se hace con base en ciclos y por lo general sus efectos secundarios son menores. Los pacientes pueden desarrollar anemia y fatiga.
  • Terapia de campo eléctrico: consiste en el uso de un dispositivo especial al estilo de un casco que proporciona campos eléctricos a determinada frecuencia. Su función es retrasar el avance del tumor y se debe usar al menos 18 horas al día.

Este es el plan de acción utilizado para la mayoría de los expertos con la finalidad de contrarrestar el avance del tumor. También se pueden recetar medicamentos para hacer frente a los síntomas, en especial en los pacientes que han sufrido al menos un episodio de convulsiones.

Otras alternativas son las terapias dirigidas, la terapia con virus y la inmunoterapia. Estas se consideran aún experimentales, aunque los resultados en algunos pacientes auguran un futuro prometedor. El pronóstico es mejor en los pacientes más jóvenes y en aquellos que han desarrollo los grados más benignos del tumor.

Tanto el paciente como el especialista deben acordar cuál es el tratamiento indicado con base en el contexto. Un accionar en los estados iniciales puede hacer una gran diferencia, de manera que se debe estar al tanto de los síntomas para buscar asistencia médica en cuanto estos se presenten.