ATENCIÓN: Embolia pulmonar: síntomas y tratamiento

ATENCIÓN: Embolia pulmonar: síntomas y tratamiento

La embolia pulmonar es una consecuencia de otros problemas de salud. Desde hace varios años, el índice de mortalidad por esta enfermedad ha venido decreciendo. Es muy importante que se detecte y se trate a tiempo, para garantizar la supervivencia.

La embolia pulmonar es un problema serio y relativamente frecuente. Se estima que la padece uno de cada 1.000 habitantes al año. Sin embargo, los especialistas creen que su incidencia puede ser mayor, ya que no todos los casos son atendidos médicamente.

Se habla de embolia pulmonar cuando una masa, generalmente un coágulo, obstruye la circulación de sangre hacia los pulmones. Aunque lo más habitual es que se produzca por un coágulo de sangre, también puede originarse en un trombo de grasa e, incluso, por una entrada súbita de aire.

La embolia pulmonar es potencialmente mortal. Actualmente, se estima que mueren entre un 8 y un 10 % de los afectados. Lo que determina la gravedad de cada caso es el tamaño de la arteria obstruida, así como la cantidad de tejido pulmonar afectado.

¿Qué es la embolia pulmonar?

Representación de trombosis

Dicho de una manera muy sencilla, la embolia pulmonar es la obstrucción de una arteria pulmonar que se produce de manera súbita. Esto ocurre generalmente cuando se desprenden partes de un trombo en alguna vena, luego migran y se fijan en una arteria de los pulmones.

Según su nivel de gravedad, las embolias pulmonares se clasifican en dos grandes grupos:

  • De alto riesgo: tiene lugar cuando hay hipotensión arterial o shock. Genera una mortalidad precoz de, al menos, el 15 %.
  • De tensión normal: en este caso, el nivel de tensión se mantiene normal. Incluye dos subgrupos:
    • De bajo riesgo, que generalmente requiere solo de tratamiento ambulatorio.
    • Con mayor riesgo de complicaciones, que sí requiere manejo hospitalario y tratamiento precoz.

Causas

La mayoría de los casos de embolia pulmonar son secundarios a factores de riesgo desencadenantes. Esto quiere decir que son consecuencia de otro problema de salud. Los principales factores de riesgo son:

  • Lesiones en los miembros inferiores.
  • Daño espinal.
  • Traumatismos graves.
  • Cirugía mayor.

El cáncer es otro factor que puede desencadenar una embolia pulmonar. El cáncer de pulmón y el de páncreas, así como el del sistema nervioso central, son los más dados a generar complicaciones trombóticas. Lo mismo pasa con los tumores gastrointestinales y con las neoplasias hematológicas.

El factor hereditario también parece ejercer una influencia, aunque esta no es determinante. Las embolias pulmonares son más frecuentes en las mujeres que emplean anticonceptivos orales. También tienen mayor riesgo las mujeres embarazadas, especialmente durante el tercer trimestre de la gestación y hasta seis semanas después del parto.

Finalmente, se ha encontrado una mayor incidencia en quienes se han sometido a la fecundación in vitro, así como en las mujeres postmenopáusicas que son tratadas con terapia hormonal sustitutiva. En este último caso, el riesgo varía dependiendo de la sustancia que se utilice.

Síntomas

Infarto

Los principales síntomas de la embolia pulmonar son dificultad para respirar y dolor en el pecho. La sensación de falta de aire, o disnea, es el síntoma más frecuente. Se manifiesta como una dificultad para inspirar profundamente y respirar de manera plena y satisfactoria. Aparece de manera súbita.

También es muy común que haya dolor en el pecho, que suele ser súbito, opresivo e intenso. Se percibe detrás del esternón y se asemeja a un infarto. El dolor aumenta al toser o inspirar y no se modera con el cambio de posición.

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Así mismo, son frecuentes los siguientes síntomas:

  • Síncope: pérdida del conocimiento.
  • Tos seca o con expectoración.
  • Hemoptisis: expulsión de sangre por la boca al toser. Indica que hay infarto pulmonar.
  • Taquipnea: aumento en el ritmo de la respiración.
  • Taquicardia: aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Otros como palidez, cianocis o color azulado en la piel, mareo, fiebre, sudoración y confusión.

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Tratamiento

La embolia pulmonar se diagnostica mediante la combinación entre sospecha clínica, imágenes diagnósticas y el test del dímero D en la sangre. La sospecha viene dada por los síntomas, sin otra explicación. La radiografía de tórax, electrocardiograma y gasometría arterial sirven como apoyo para confirmar el diagnóstico.

El tratamiento básico consiste en la administración de anticoagulantes. Primero se lleva a cabo por vía parenteral (intravenosa, intramuscular o subcutánea) y luego por vía oral.

El pronóstico es bueno si el caso se detecta y se trata a tiempo. En el 3,8 % de los casos las embolias se  vuelven crónicas. Desde hace varios años, el índice de pacientes que fallece durante el ingreso hospitalario por embolia pulmonar ha decrecido notablemente.