Diseñan unas células T para luchar contra el cáncer de páncreas

Diseñan unas células T para luchar contra el cáncer de páncreas

Científicos de la Universidad de California San Francisco (Estados Unidos) han diseñado células T para que produzcan una potente citocina anticancerígena, pero sólo cuando se encuentran con células tumorales.

En el estudio, publicado en la revista científica ‘Science’, esta inmunoterapia eliminó el melanoma y el cáncer de páncreas en ratones sin mayores efectos secundarios, y ofrece una nueva y prometedora estrategia para combatir estos y otros cánceres difíciles de tratar.

Las células liberan IL-2, una potente molécula inflamatoria producida de forma natural por el sistema inmunitario. La IL-2 potencia los linfocitos T, células inmunitarias capaces de destruir las células cancerosas y proteger contra las infecciones. Aunque los oncólogos saben desde hace décadas que la IL-2 tiene una potente actividad anticancerígena, su uso se ha visto limitado por la respuesta tóxica que produce cuando se administra por vía sistémica.

Los investigadores lograron mantener la citocina contenida dentro del cáncer programando las células T infiltrantes del tumor para que fabricaran su propia IL-2 cuando reconocieran una célula cancerosa.

«Hemos aprovechado la capacidad de estas células para ser agentes de administración local y activar sus amplificadores de células T sólo cuando reconocen que están en el lugar correcto. Creo que este es un modelo de cómo podemos utilizar las terapias celulares para administrar muchos tipos de agentes terapéuticos potentes pero tóxicos de una manera mucho más selectiva», ha comentado Wendell Lim, autor principal de la investigación.

SUPERAR LAS BARRERAS

Las terapias celulares han sido muy eficaces contra muchos cánceres de la sangre, en los que las células son fácilmente accesibles porque flotan libremente. Sin embargo, los tumores sólidos construyen múltiples muros defensivos que impiden la entrada de las células T terapéuticas. E incluso si las células consiguen entrar en el tumor, a menudo se agotan antes de poder acabar con las células cancerosas.

Desde los años 80, los oncólogos saben que altas dosis de IL-2 permiten a las células T superar estas barreras, y la citocina se ha utilizado como terapia oncológica en casos de cáncer difíciles. Pero la simple infusión sistémica de IL-2 a los pacientes puede causar fiebre alta, filtración de los vasos sanguíneos y fallo orgánico.

Lim y el autor principal, el doctor Greg Allen, se propusieron controlar los efectos de la IL-2 diseñando células que potenciaran la respuesta inmunitaria contra el cáncer sólo donde fuera necesaria: en el tumor. Eligieron tumores muy difíciles de tratar, como los de páncreas, ovario y pulmón, que forman barreras casi de hierro contra las células T.