Intestino y COVID-19: ¿puede estar allí la raíz de los casos graves?

Intestino y COVID-19: ¿puede estar allí la raíz de los casos graves?

Hasta el 50% de los pacientes con COVID tienen náuseas, diarrea y/o dolor abdominal. Ahora, investigadores detectaron que los microbios en el tracto digestivo influyen en la gravedad.

Uno de los muchos problemas que han desconcertado a los científicos que investigan el COVID-19 es la diversidad de sus síntomas de la nariz a los pies, que se extienden mucho más allá del rango habitual de infecciones respiratorias: desde la pérdida del olfato hasta los coágulos de sangre y los accidentes cerebrovasculares, el dolor en las extremidades y la decoloración de los dedos de los pies.

Una de las manifestaciones no respiratorias más comunes son los problemas gastrointestinales. Hasta el 50% de los pacientes con COVID tienen náuseas, diarrea y/o dolor abdominal. Según un artículo canadiense que ha estado a cargo de Kevin Lui, especialista del departamento de Radiología y Diagnóstico por Imágenes de la Universidad de Alberta, para el 16% de los pacientes esos fueron los únicos síntomas.

Las investigaciones indican que el SARS-CoV-2 puede atacar directamente las células epiteliales que recubren el tracto gastrointestinal, ingresando a través de la puerta molecular de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2). Estas células expresan altos niveles de ACE2, al igual que las células que recubren los pulmones, el sitio principal de infección.

Pero el intestino no es simplemente un objetivo pasivo del virus. La evidencia sugiere que también influye en la determinación de la gravedad del COVID-19. Una gran cantidad de investigación durante la última década ha demostrado que los pequeños habitantes del tracto digestivo, la microbiota intestinal, desempeñan un papel vital en la protección del cuerpo de los patógenos y en la regulación de las respuestas inmunitarias a las infecciones, y ese parece ser el caso de COVID.

Trillones de bacterias, hongos, virus y otros organismos unicelulares residen en el tracto gastrointestinal en un ecosistema dinámico y comensal. Y cada sujeto alberga una propia comunidad única. Cuando la microbiota intestinal se encuentra en un estado diverso pero saludable y equilibrado, apoya el funcionamiento adecuado del sistema inmunológico. Cuando se perturba el equilibrio, una condición que los científicos llaman disbiosis, las defensas se ven comprometidas y las personas son más susceptibles a las infecciones.

Una protección inesperada

Se sabe que la diversidad de la microbiota intestinal disminuye con la edad. De manera similar, existe una asociación entre la microbiota intestinal alterada y las enfermedades crónicas, como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, afecciones que predisponen a las personas a sufrir COVID-19 grave. Todavía no hay pruebas de una relación directa entre la gravedad de COVID y la disbiosis intestinal, pero la evidencia va en aumento.

En un estudio reciente de 100 pacientes hospitalizados con COVID, Siew C. Ng y sus colegas de la Universidad China de Hong Kong encontraron que, en general, el microbioma intestinal de los sujetos (medido en muestras de heces) era significativamente menos diverso que las muestras tomadas de un grupo de control prepandémico, independientemente de si los pacientes habían tomado antibióticos u otros fármacos. Varias especies de bacterias beneficiosas fueron deficientes en los pacientes con COVID, y el grado de alteración del microbioma se correlacionó con la gravedad de la enfermedad y el aumento de los signos de inflamación.

“Varios microorganismos intestinales con función inmunomoduladora conocida se agotaron en pacientes con COVID-19 -explica Ng, director asociado del Centro de Investigación de Microbiota Intestinal de la Universidad China de Hong Kong-. Su agotamiento podría ser un factor en la tormenta de citocinas, el peligroso estado hiperinflamatorio que a veces se observa en pacientes con COVID¨.

Ese escenario es una de las varias formas en que los residentes intestinales podrían influir en la gravedad de COVID. Los mecanismos precisos aún no se conocen, “pero podemos hacer hipótesis -analiza Harry Sokol, que estudia la relación entre los microbios intestinales y el sistema inmunológico en el Hospital Saint-Antoine de París-.

En la fase inicial de la infección, hay una alteración de la microbiota intestinal que conduce a una disminución de la producción de sustancias derivadas de ella que son importantes para controlar la infección”. Tales cambios se observaron en un estudio de 2021 dirigido por Sokol en el que los macacos estaban infectados con SARS-CoV-2.

“En una fase posterior de COVID -sugiere Sokol-, la disminución de ciertos microbios podría afectar la integridad del intestino. Estos normalmente generan sustancias que ayudan a mantener el revestimiento intestinal, incluidos los ácidos grasos de cadena corta como el ácido butírico. Por lo tanto, niveles más bajos de bacterias clave podrían causar un intestino permeable, lo que, a su vez, podría causar que las moléculas proinflamatorias se filtren, aumentando las tormentas de citocinas que pueden causar el extenso daño orgánico que se observa en los casos graves de COVID”.

El daño al intestino en sí, y el que se produce a otros órganos, puede ser el resultado de la inflamación, el ataque viral en sí o la interrupción de las acción normal de ACE2. En el intestino, ACE2 desempeña muchas funciones, incluida la regulación de la ecología de la microbiota intestinal. Por lo tanto, no está claro si el COVID causa un intestino enfermo o si un intestino enfermo prepara el escenario para un COVID grave. “Probablemente ambos sean verdaderos y estén relacionados”, afirma Sokol.

Los microbios intestinales pueden influir en los resultados de COVID a través de un intercambio de señales químicas con las células de los pulmones. Este eje intestino-pulmón descubierto recientemente, como la mayoría de los ejes biológicos, es un asunto de dos vías: los microbios intestinales influyen en la forma en que los pulmones responden a las infecciones y la inflamación pulmonar también puede alterar la microbiota intestinal.

Por ejemplo, un estudio realizado por científicos brasileños mostró que las señales químicas enviadas por las bacterias intestinales y recibidas por las células de los pulmones pueden ayudar a proteger a los ratones de la infección por el virus de la influenza, mientras que administrar a los ratones antibióticos que alteran su microbiota intestinal compromete su respuesta inmunitaria. Si lo mismo ocurre con el COVID en humanos, los médicos deben tener cuidado con el uso de antibióticos en pacientes con COVID, a menos que, por supuesto, tengan infecciones microbianas secundarias.

“Puede ser aconsejable -dice Ng-, que los pacientes recuperados consuman dietas o incorporen actividades que se sabe que son buenas para el microbioma intestinal: aumentar la ingesta de fibra, tomar probióticos y hacer ejercicio”. De todos modos es un buen consejo bajo cualquier circunstancia.