Un virólogo de EEUU aseguró que variar el protocolo de vacunas es un “experimento humano” que podría tener consecuencias

Un virólogo de EEUU aseguró que variar el protocolo de vacunas es un “experimento humano” que podría tener consecuencias

Los suministros de vacunas son limitados y hay cientos de millones de personas esperando ser inmunizadas contra el SARS-CoV-2 alrededor del mundo. Por eso, en algunas naciones se debate si deberían vacunar a menos personas con la mejor protección posible o inocular el doble de personas con una sola dosis, cubriendo a más población pero con una protección ligeramente menor.

En ese contexto, el comité asesor del gobierno del Reino Unido informó hace unos días a los trabajadores de la salud en Inglaterra que reprogramen las citas para la segunda dosis luego de que se decidiera que vacunar a la mayor cantidad posible de personas con una primera dosis debería ser la prioridad.

Según publicó el British Medical Journal, la Asociación Médica Británica (BMA por sus siglas en inglés) calificó la decisión de “irrazonable y totalmente injusta” y dijo que podría causar “enormes problemas logísticos” para las prácticas generales y los centros de vacunación.

El gobierno en tanto informó que las personas deben recibir su segunda dosis de vacuna (ya sea la de Oxford y AstraZeneca o la de Pfizer BioNTech) dentro de las 12 semanas posteriores a la primera, en lugar de dentro de unas pocas semanas como estaba planteado inicialmente. Pero muchos médicos de cabecera y líderes clínicos le hicieron saber a la BMA que retrasar las segundas dosis ya prometidas “tendrá un impacto terrible en el bienestar emocional de sus pacientes más vulnerables y en riesgo”.

John P. Moore es virólogo y profesor de microbiología e inmunología, y trabaja en investigación de vacunas en Weill Cornell Medicine de la Universidad de Cornell, en Nueva York, Estados Unidos. En una columna de opinión para CNN, se mostró escéptico sobre la decisión del gobierno británico y aseguró que la decisión de variar los protocolos de administración de la vacuna se tomó sin debatir el tema públicamente y de manera poco transparente.

El gobierno británico decidió que la segunda dosis de la vacuna puede aplicarse hasta 12 semanas después de la primera, y hasta permite que se den diferentes fórmulas para la primera y segunda dosis en algunas situaciones. “Ambos protocolos tienen poca o nula base en los datos provenientes de los ensayos clínicos. El objetivo de estos, sinceramente, experimentos humanos a gran escala es aumentar el número de personas a las que se les aplica la primera dosis y, por lo tanto, están parcialmente protegidos.

“Se han discutido propuestas similares sobre retrasar la segunda dosis en los Estados Unidos, pero el lunes, altos funcionarios de la FDA dijeron en un comunicado que la agencia no apoya cambiar el protocolo de administración de vacunas establecido inicialmente, basándose en una falta de evidencia de que la vacuna todavía sería suficientemente eficaz con un plan de administración modificado. Pfizer, por su parte, ha dicho que los datos del ensayo no respaldan que la primera dosis sola sea efectiva más allá de los 21 días posteriores a la inyección”, aclaró el experto.

En Estados Unidos, la confianza del público en las vacunas para el coronavirus se basa en gran medida en el proceso de evaluación exhaustivo y transparente que permite a cualquier persona asistir a las reuniones del panel asesor de la FDA y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de este país, analizar los datos y plantear preguntas. “Por lo tanto, los científicos y los médicos pueden comprender lo que se está evaluando y pueden recomendar las vacunas a amigos, familiares y al público en general. Los procedimientos de autorización en el Reino Unido son mucho menos transparentes. Entonces, cuando se aplican desviaciones significativas del uso recomendado de las vacunas aprobadas, ¿cómo puede el público confiar en que se tomaron las decisiones correctas? ¿Cómo pueden los profesionales sanitarios independientes y conocedores respaldar esas decisiones cuando no están al tanto del proceso?”.

El documento informativo de la FDA establece específicamente en su resumen de eficacia de la vacuna de Pfizer que los datos disponibles “no pueden respaldar una conclusión sobre la eficacia de una sola dosis de la vacuna”. “El conjunto de datos de Pfizer no nos dice cuánto tiempo puede persistir el beneficio de una sola dosis -continúa Moore-. Los anticuerpos de las vacunas para el COVID-19 disminuyen con el tiempo. No se sabe cuándo esta descomposición podría comprometer la eficacia, pero parece cuestionable, según los datos presentados en el documento informativo de la FDA, creer que los niveles de anticuerpos protegerán hasta por 12 semanas”.

Más allá de los mayores riesgos para las personas, un intervalo de dosis prolongado podría tener consecuencias más amplias. “Las respuestas débiles de anticuerpos en grandes poblaciones de personas inmunizadas inadecuadamente podrían impulsar la aparición de variantes de virus resistentes a las vacunas o de otro modo problemáticas con consecuencias muy graves”, explica.

“Quizás el Reino Unido podría considerar en cambio otras formas de conservar los suministros de vacunas que pueden ser más seguras que la opción de la segunda dosis diferida”, propone Moore. “Vale la pena explorar si administrar dos medias dosis de la vacuna Pfizer proporcionaría niveles de anticuerpos suficientemente fuertes, como sugieren algunos de los datos de ensayos clínicos de Moderna y Pfizer. La FDA también ha mostrado su preocupación por este cambio de dosis, en ausencia de evidencia convincente de que sería efectivo, pero puede, al menos, ser una medida más segura para ahorrar recursos que retrasar una segunda dosis de vacuna si el Reino Unido está decidido duplicar su población vacunada en el corto plazo”.

“Además, para las personas que se han recuperado de COVID-19, una sola dosis de vacuna puede ser suficiente para aumentar sus anticuerpos a niveles altos. El ahorro de dosis podría ser considerable, ya que se han infectado más de 2,6 millones de británicos. Incluso estas sugerencias conllevan riesgos y tal vez deberían estudiarse más a fondo y aplicarse sólo a las personas más jóvenes”.

“Cualquier desviación de los protocolos aprobados por la FDA no debe tomarse a la ligera”, advierte. “Pero si los cambios se consideran necesarios, el Reino Unido debería buscar los menos malos, y solo después de una discusión completa y transparente”.