
Las enfermedades cardiovasculares (ECV) provocan la muerte de 1 de cada 3 personas en el mundo, colocándolas como la primera causa de mortalidad a nivel mundial. De acuerdo con la Federación Mundial del Corazón, aunque la mayoría de estas enfermedades pueden prevenirse, las acciones en este sentido siguen siendo insuficientes para controlarlas.
La Federación Mundial del Corazón revela una cifra más impactante: cada 34 segundos muere una persona por una enfermedad cardiovascular; al tiempo que reitera sobre cuál es el camino para detener el incremento de las muertes prematuras por las ECV.
Durante años los especialistas han subrayado la importancia de tomar medidas urgentes para disminuir sus índices de mortalidad y una de ellas es comprendiendo el papel que tienen los lípidos alterados en la sangre -mejor conocidos como dislipidemia- en estos incrementos.
“En al menos los últimos 50 años la conversación no solo se ha enfocado en el colesterol alto, sino que se comenzó a hablar de niveles elevados de colesterol, lipoproteínas de baja densidad (LDL, también conocido como “colesterol malo”) y triglicéridos, con niveles disminuidos de lipoproteínas de alta densidad (HDL, también conocido como “colesterol bueno”) en el torrente sanguíneo. Los niveles alterados de estos lípidos en la sangre hacen referencia a la dislipidemia[4]”, detalla el doctor David Rodríguez García, cardiólogo y Gerente médico de Adium Centroamérica y el Caribe.
El tema ha evolucionado más rápidamente desde 2018 al presente. Desde ese año, las Guías sobre el manejo del colesterol se han actualizado con más frecuencia, enfocándose en el manejo de las dislipidemias. En la última actualización de la Asociación Americana del Corazón junto a otras organizaciones médicas destacan la relevancia de realizar una intervención temprana hoy, para prevenir infartos y accidentes cerebrovasculares en el futuro. Así mismo, actualmente, se ha hecho énfasis en que no hay niveles «normales» de los mismos, sino que hay niveles «óptimos» que van en función del nivel de riesgo cardiovascular de cada persona (por ejemplo, hay niveles específicos para un diabético, alguien que ya tuvo evento cardiovascular, por edad, etc.) Para lo anterior se han desarrollado herramientas que calculan el nivel de riesgo individual para determinar la meta LDL («colesterol malo») específico para ese individuo.
Prevención desde edades tempranas
Los especialistas hablan de tomar medidas de prevención, incluso en la infancia y la adolescencia.
“La primera recomendación es que, si la persona tiene antecedentes familiares de niveles altos de colesterol, o presenta factores de riesgo como diabetes, obesidad, sedentarismo, se haga pruebas de perfil lipídico de manera periódica. En adultos, cada 4 a 6 años, y en niños y adolescentes, cada 2 años[6]”, indica el especialista de Adium Centroamérica y el Caribe.
La reducción de la carga de enfermedades en el futuro requerirá cambios en el estilo de vida de la población. Cambios como el mantener un peso saludable, realizar actividad física, evitar fumar, dar prioridad a hábitos de sueños saludables y consultar a un especialista sobre una posible evaluación del riesgo cardiovascular.
“Es clave mantener una alimentación balanceada, aumentando el consumo de fibra soluble presente en leguminosas, frutas y vegetales frescos. Igualmente, es necesario incluir la actividad física en su rutina diaria ya que esta ayuda a elevar el HDL o colesterol bueno y a bajar los triglicéridos. Y también se recomienda hacerse pruebas de perfil lipídico y un examen de lipoproteína (a), así como hacerse chequeos médicos regulares con esta información”, aconseja el especialista.
Por otro lado, el doctor Rodríguez García subraya que hay que tener presente que, de acuerdo con el nivel de riesgo individual, el médico puede considerar un tratamiento farmacológico permanente.
“En los pacientes con niveles alterados de lípidos, los tratamientos farmacológicos son fundamentales para mantener su calidad de vida. Por eso es recomendable seguir las indicaciones del especialista al pie de la letra”, afirma.
Panorama de la región
Las enfermedades cardiovasculares representan el 31% de total de muertes que se registran en América Latina y el Caribe. Y se estima que al 2030 ocurrirán 20.7 millones de defunciones en la región debido a esta causa.
Cambiar este panorama requerirá esfuerzos a nivel de salud pública que promuevan los controles regulares, que faciliten los cambios hacia estilos de vida más saludables y el acceso a tratamientos que ayuden al manejo integral de una afección cuyos síntomas son imperceptibles en sus primeras etapas.







